¿EN QUÉ CREEMOS?

Artículos de Fe, Sacramentos y Cultos.


ARTÍCULOS DE FE

C

reemos en un solo Dios vivo y verdadero, eterno, infinito en su ser y perfección, todopoderoso, sabio, santísimo, bondadoso, amoroso, benigno, misericordioso, paciente, perdonador de la trasgresión, la maldad y el pecado, creador y conservador de todas las cosas, visibles e invisibles; Y en la unidad de esta Deidad hay tres personas de una misma substancia, de Ser eterno, e iguales en amor, santidad, justicia, sabiduría, poder y dignidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. (Juan 4: 24, Génesis 1: 1, Juan 3: 16, Juan 14: 16, Juan 14: 26, Juan 15: 26, 1 Timoteo 2: 5, Efesios 4: 4-6.

Hay un solo Dios, que subsiste en tres personas. La unidad en la Divinidad: hay tres personas eternas y coiguales, iguales en sustancia, pero distintas en subsistencia. (Mateo 3: 16-17, Mateo 28: 19, 2 Corintios 13: 14, 1 Juan 5: 7).

C

reemos en Jesucristo, único Salvador de la Humanidad, Hijo de Dios, único Mediador, El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación, en El fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles. En Jesucristo habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. Dios fue manifestado en carne en Jesucristo, fue justificado en el Espíritu, visto de los Ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria. Colosenses 1: 15-17, Colosenses 2: 9, 1 Timoteo 3: 16.

Jesucristo  no fue concebido por voluntad humana, sino por obra del Espíritu Santo. Murió en la Cruz del Calvario por nuestros pecados y el pecado original. Resucitó al tercer día, ascendió a la diestra del Padre para interceder ante El por los que le invoquen en espíritu y en verdad. Hebreos 10: 4-5, Hebreos 10,12, 1 Juan 3: 5, Marcos 10: 45, 1 Timoteo 2: 5-6

C

reemos en la resurrección corporal de Cristo, su ascensión triunfante al cielo, y que (en su cuerpo glorificado, como un ser humano completo, con todo lo perteneciente a la perfección de la naturaleza del hombre) ahora está sentado a la diestra del Padre en el cielo, hasta que vuelva a juzgar al mundo en el último día. (Lucas 24: 1-7; Romanos 1: 4, 1 Corintios 15: 12-19).

Esta resurrección es la primicia de todos los cristianos; la primera en su tipo, diferente a la de Lázaro, que fue una restauración de un cuerpo mortal muerto a un cuerpo mortal vivo. La resurrección de Jesucristo así como la de todos los cristianos tiene implícita la glorificación, “porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad” (1 Corintios 15: 53).

La resurrección de Jesucristo implica la garantía de nuestra justificación, la garantía de nuestra fortaleza, poder y nuestro trabajo en la obra del Señor. Romanos 4: 25. 1 Corintios 15: 45-58.

C

reemos que el Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo, es de la misma sustancia, majestad y gloria con el Padre y el Hijo, y que es verdadero y eterno Dios.

Creemos que el Espíritu Santo es una persona y que Él es el agente ejecutivo de la Deidad en la dispensación de la gracia, que unge la predicación de la Palabra, convence al mundo incrédulo de pecado, de justicia y de juicio y aplica los beneficios de la expiación. Él es nuestro Maestro, Consolador y Guía. El Espíritu Santo, tomando las cosas de Cristo las ha revelado a nosotros, para que glorifiquemos a Cristo, el cual nos guía a toda verdad, y a toda justicia; nos muestra las cosas que vendrán, para que todos estos ministerios se basen en la función y de acuerdo con la Palabra escrita de Dios (Juan 14: 16-17, Juan 14: 26. Juan 15: 26, Juan 16: 7-11, Juan 16: 13-15).

C

reemos que la Biblia es la Palabra inspirada, inerrable, y autoritaria de Dios (2 Pedro 1: 19-21, Juan 10: 35).

Creemos en la inspiración verbal y plena de las Sagradas Escrituras. La Biblia se asemeja a un magnifico palacio construido con piedras preciosas, compuesto de sesenta y seis departamentos (o libros). Cada uno es diferente a los demás y perfecto en hermosura, mientras que todos forman un edificio incomparablemente majestuoso y sublime.

La Biblia es y contiene la revelación plena y completa del plan e historia de la redención humana.

“Toda la escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redarguir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” 2 Timoteo 3: 15-17.
El futuro de los creyentes y no creyentes.

Creemos que tenemos la vida eterna mediante la fe en Cristo (Juan 3: 14-16, Juan 3: 36, Juan 6: 40), y que Cristo ha preparado un lugar para los suyos en el cielo (Juan 14: 1-3).

Creemos en la resurrección de los muertos, que los cuerpos tanto de los justos y los injustos serán resucitados a la vida y unidos con sus espíritus “los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida, y los que hicieron lo malo, saldrán a resurrección de condenación.” Romanos 2: 1-16, 2 Tesalonicenses 1: 6-9, Salmo 9: 17, Génesis 18: 25, Daniel 12: 2-3, Juan 3: 16-18, Juan 5: 25-29, Hechos 17: 30-31, Apocalipsis 20: 11-15, Apocalipsis 22: 1-15.

C

reemos en la eficacia y suficiencia de la sangre derramada de Jesucristo, para perdón de los pecados cometidos en el pasado: para la regeneración, o nuevo nacimiento de lo alto, de los pecadores arrepentidos, y para la salvación o la liberación del pecado.

Luego de que Jesucristo, el Hijo de Dios viniera a hacer su obra redentora llamando a los hombres al arrepentimiento y reconciliación con Dios, estaba previsto en el plan de salvación, de que se ofrendase a sí mismo en el Sacrificio de Expiación en la Cruz del Calvario, para reafirmar el pacto eterno con su sangre preciosa. Con esto El creó un ambiente favorable para la reconciliación. Cristo es la propiciación por lo que el poder del pecado que nos separaba de Dios, ha sido anulado; por lo tanto el hombre puede acercarse a Dios en el nombre de Cristo. El acceso a Dios, el más sublime de todos los privilegios, ha sido comprado a gran precio, la sangre de Cristo.

Mateo 26: 28, Lucas 22: 20, Hechos 20: 28, Romanos 5: 9, Efesios 1: 7, Efesios 2: 13, Colosenses 1: 14, Colosenses 1: 20, 1 Pedro 1: 18-19, 1 Juan 1: 7, Apocalipsis 1: 5, Apocalipsis 5: 9

C

reemos, enseñamos y firmemente mantenemos la doctrina bíblica de la justificación por la fe (Romanos 5: 1, Efesios 2: 8-9, Tito 3: 4-7). No creemos que algún tipo o grado de buenas obras puedan conseguir o contribuir a nuestra justificación o salvación. Esto se logra única y exclusivamente sobre la base de nuestra fe en la sangre derramada, la resurrección, y el sacrificio justificador de nuestro Señor Jesucristo (Romanos 4: 23-25; Romanos 5: 1-11, Romanos 5: 20, 1 Corintios 15: 1 -4).

Sí creemos en las buenas obras como fruto o producto de la salvación. No somos salvos por obras, pero Dios quiere que andemos en buenas obras (Efesios 2: 10). Cuando creemos en Jesucristo como nuestro Salvador, nuestros pecados son perdonados, somos justificados, y entramos en un estado de justicia, no la nuestra, pero si nos es imputada e impartida por Jesucristo (Romanos 8: 1-4).

La justificación se logra solamente al estar unidos a Cristo por la fe. (1 Corintios 1: 30.

La justificación de los creyentes bajo el Antiguo Testamento fue, la misma que la justificación de los creyentes bajo el Nuevo Testamento, es decir justificados por fe; prueba de ello es lo que se declara acerca de Abraham, el padre de la fe. (Gálatas 3: 6-18).

Desde la eternidad, Dios decretó justificar a todos los elegidos por la fe, y en el cumplimiento del tiempo, Jesucristo murió por los pecados de ellos y resucitó para su justificación. (Romanos 8: 30, Romanos 4: 1-25, Gálatas 2: 16, 1 Pedro 1: 18-20).

C

reemos que Jesucristo derramó su sangre, no sólo para nuestra justificación y el perdón de las transgresiones actuales, sino también para la limpieza completa del creyente justificado de todo pecado que mora en nosotros y de su contaminación, y esta operación se lleva a cabo con posterioridad a la regeneración (nuevo nacimiento) (Hechos 26: 18, Efesios 5: 25-27, Tito 2: 14, Hebreos 9: 13-14, 10: 10, Hebreos 10: 14-22, Hebreos 13: 11-12; 1 Juan 1: 7-9).

El creyente además, para que pueda vivir una vida consagrada al servicio del Señor, y pueda además sentir el poder y posesión del Espíritu Santo, debe constantemente, a diario, consagrar su vida libre de pecado, de contiendas, de palabras vanas y de orgullo, evitando actitudes y acciones las cuales pueden contristar al Espíritu Santo de Dios (Efesios 4: 29-32; 1° Tesalonicenses 5: 19).

C

reemos en la santificación. Mientras que la santificación es iniciada en la regeneración y consumada en la glorificación, creemos que incluye una obra definida e instantánea de gracia alcanzado por la fe subsecuente a la regeneración (Hechos 26: 18; 1 Juan 1: 9). La santificación libra del poder y del dominio del pecado. Es seguido por el crecimiento de toda la vida en gracia y conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo (2 Corintios 4: 16, 2 Pedro 3: 18).

La vida santificada es separación del mundo, una vida sin egoísmo, una vida de devoción a toda la voluntad de Dios, una vida de santidad, de acuerdo con Romanos 6: 22, Romanos 12: 1-2, 2 Corintios 7: 1; 1 Tesalonicenses 4: 7, 1 Tesalonicenses 5: 23, Hebreos 12: 14, Santiago 1: 27 y 1 Pedro 1: 15-16.

Esta santificación se efectúa en todo el ser humano, aunque es incompleta en esta vida; ya que constantemente hay una guerra declarada, en donde la carne lucha contra el Espíritu, y el Espíritu lucha contra la carne. Sin embargo, el cristiano triunfa a través de la continua provisión de fuerzas por parte del Espíritu Santo que santifica, y así los santos crecen en la gracia, perfeccionando la santidad en el temor de Dios, prosiguiendo una vida espiritual en obediencia a la Palabra de Dios. 1 Pedro 1: 2, 2 Tesalonicenses 2: 13, Efesios 1: 4, 1 Corintios 1: 2, Hebreos 2: 11, Hechos 20: 32, Hechos 26: 18, Romanos 6: 14, 2 Corintios 3: 18, 1 Juan 5: 4, Mateo 28: 20, 1 Juan 3:22).

Los cristianos unidos a Cristo, después de haber recibido la regeneración, reciben además un nuevo corazón y un nuevo espíritu, que los santifica de un modo real y personal, el dominio del cuerpo entero por parte del pecado es destruido y las diversas concupiscencias del mismo son debilitadas y mortificadas más y más. Es quitada la habitualidad en el pecar, o la práctica del pecado, y es porque la santificación del cristiano ya ha tomado lugar en su vida espiritual, y se comienza la práctica de la verdadera santidad, sin la cual nadie verá al Señor. (1 Corintios 1: 30, 1 Juan 3: 3-8, Romanos 1: 7, 1 Corintios 6: 11, Romanos 6: 1-11, 1 Tesalonicenses 5: 23, Efesios 4: 22-25, Apocalipsis 12: 14, 1 Pedro 1: 15-16, Hebreos 12: 14, 1 Tesalonicenses 4: 1).

C

reemos que el bautismo de Pentecostés del Espíritu Santo y fuego puede ser obtenido por un acto definido de fe apropiadora de parte del creyente plenamente purificado (Lucas 11: 13, Lucas 24: 49, Hechos 1: 5, Hechos 1: 8, Hechos 2: 38-39).

Creemos que esta gran bendición, que proporciona la investidura de poder para testificar el nombre de Cristo, está disponible a todos los creyentes cuyos corazones se han limpiado del pecado por la sangre de nuestro Señor Jesucristo. Como la Biblia nos enseña de que nuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo (1 Corintios 6: 19-20), que el Templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es (1 Corintios 3:17), no es posible entonces que Dios pueda, a un vaso o un templo que está sucio, pueda llenarlo con su Espíritu Santo. En otras palabras las Sagradas Escrituras nos están diciendo que para recibir el bautismo del Espíritu Santo, la persona debe tener una vida limpia, un corazón limpio como requisito previo para esta gran bendición. Recordemos que la sangre de la limpieza se debe aplicar primero, luego el aceite, que es un tipo del Espíritu Santo (Levítico 14: 14, Levítico 14: 17).

El creyente además, para que pueda vivir una vida consagrada al servicio del Señor, y pueda sentir el poder y posesión del Espíritu Santo, debe constantemente, a diario, consagrar su vida libre de pecado, de contiendas, de palabras vanas y de orgullo, evitando actitudes y acciones las cuales pueden contristar al Espíritu Santo de Dios (Efesios 4: 29-32, 1 Tesalonicenses 5: 19).

Los dones del Espíritu Santo, como lo demuestra el Apóstol Pablo en 1 de Corintios 12-13-14 han sido establecidos en la Iglesia por el Espíritu Santo, el cual tiene la custodia y control de ellos repartiéndolos a cada creyente, como El quiere, para ser manifestados a través de vidas consagradas en los servicios de adoración y alabanza o en la ocasión y el lugar que fuese necesario, pero sólo para la gloria de Dios y para la edificación del cuerpo de Cristo que es la Iglesia.

C

reemos en la sanidad divina porque está revelada en la Biblia. Jesucristo es revelado en las Escrituras como sanador y El, es el mismo ayer, hoy y por los siglos.

La sanidad se encuentra dentro de la obra expiatoria de Cristo. La enseñanza bíblica sobre la sanidad es paralela a su enseñanza sobre la salvación. La salvación incluye la sanidad de nuestra vida en todos sus aspectos. Isaías 53: 4-5, Mateo 8: 16-17; Marcos 16: 15-18; Santiago 5: 14-16; Éxodo 15: 26; a los que se deberían añadir Romanos 8: 26-28. 2 Reyes 5: 1-19; Salmo 103: 1-5; Mateo 4: 23-24; 9: 18-35; Juan 4: 46-54, Hechos 5: 12-16, Hechos 9: 32-42, Hechos 14: 8-15, 1 Corintios 12: 4-11.

La fuente del sufrimiento humano es nuestra condición de seres caídos. El hecho de que existan el pecado y el sufrimiento no significa que sean voluntad de Dios. El pecado y la enfermedad fueron obra del hombre, y lo que hizo Dios fue llegar al extremo para corregir esta obra por medio de su plan de redención.

C

reemos en la inminente, segunda, personal, premilenial, venida de nuestro Señor Jesucristo. La palabra inminente significa que la Segunda Venida de Cristo está cerca y, que puede presentarse en cualquier momento (Marcos 13: 32-37; Tito 2: 13).

La palabra personal significa “el Señor mismo” volverá (1 Tesalonicenses 4: 15-18), el “mismo Jesús” que fue “recibido arriba en el cielo, así vendrá de la misma manera” como se le vio “ir al cielo” (Hechos 1: 11).
La palabra premilenial significa que Él vendrá antes del milenio en el que los “bienaventurados y santos” de la “primera resurrección” vivirán y reinarán con Cristo “mil años” (Apocalipsis 20: 4-6).

La Segunda Venida de Cristo se realizará en dos etapas: la primera con el objeto de tomar a sus santos que están preparados para el Rapto antes de la Gran Tribulación (Mateo 24: 40-44, 1 Tesalonicenses 4: 13-18, Apocalipsis 3: 10-11), y el segundo al final de la Gran Tribulación, cuando venga de nuevo con sus santos para destruir a los ejércitos del anticristo, para juzgar a las naciones del mundo, y la inauguración del reinado milenial (Mateo 25: 31-33, 2 Tesalonicenses 2: 8, Apocalipsis 19: 11-21; 20: 1-6).

La actitud apropiada de los cristianos hacia la venida de Cristo debe ser el amar su venida (2 Timoteo 4: 8), velar y orar siempre para ser tenidos por dignos de escapar de las cosas que vendrán sobre la tierra durante la Gran Tribulación (Lucas 21: 36), orar por su venida (Mateo 6: 10, Apocalipsis 22: 20), y fielmente ocuparse del trabajo del Señor hasta que Él venga (Lucas 19: 13).

Muchas señales apuntan a la pronta venida de Jesucristo. Las siguientes Escrituras establecen varias de estas señales: Ezequiel 36 (el retorno de Israel a su tierra), Daniel 12: 4, Nahum 2: 3-4; Joel 2: 28-32, Mateo 24, Marcos 13; Lucas 21: 25-36, 1 Timoteo 4: 1-5, 2 Timoteo 3: 1-8, 4: 3-4, 2 Tesalonicenses 2: 1-12; 2 Pedro 2 y 3, y la Epístola de Judas.

F

ue la última orden de nuestro Señor en la tierra para entregar a cada creyente la responsabilidad de llevar el evangelio a todas las naciones. Nunca podremos estar satisfechos sólo con la experiencia de Dios en Cristo para nosotros mismos. También debemos participar activamente en la difusión del Evangelio a las demás personas, hasta los confines de la tierra.

Creemos que es responsabilidad de cada creyente dedicar su vida a llevar a cabo el trabajo de la Gran Comisión (Mateo 28: 18-20, Marcos 16: 15-20, Hechos 1: 8).

¡Cristo es la esperanza que buscas!

La invitación esta hecha. Siempre serás bienvenido en nuestra Iglesia.


Últimas noticias

PRÓXIMOS EVENTOS
20Ago

Reunión General (+Sector Norte)

Domingo, Catedral Evangélica de Chile
27Ago

Reunión General (+Sector Oriente)

Domingo, Catedral Evangélica de Chile
02Sep

Estudio Bíblico GED (Hogar Galvarino)

Sábado, Catedral Evangélica de Chile

TESTIMONIOS
  • Jotabeche no mira el color de las personas. En jotabeche todos somos iguales.

    Jean Benit Saint Louis
    Jean Benit Saint Louis
    NO ME AVERGUENZO DE ALABAR AL SEÑOR
  • Bienvenido a la casa de Dios. Hoy lo invita el Señor

    Heriberto Campos Barra
    Heriberto Campos Barra
    Me gusta trabajarle al Señor
  • Sigo en la querida Clase Las Brisas, siendo ayudante de Predicador, porque así Dios lo ha querido”.

    Manuel Mellado Flores
    Manuel Mellado Flores
    Dios ha sido mi salvación

SACRAMENTOS


El concepto de sacramento

Documento preparado por el Instituto Evangélico de Teología


06_nuestra_feEl concepto sacramento fue utilizado por el cristianismo a contar de los siglos II y III, e indica tanto la relación que se tiene con lo divino, como a la vez aquello mediante lo cual algo o alguien se hace sagrado.

Las iglesias evangélicas y reformadas, en general, sólo reconocemos como sacramentos la Santa Cena o Cena del Señor y el Bautismo. Ambos sacramentos se creen, enseñan y practican como parte esencial de la vida de la Iglesia. Éstos fueron instituidos y ordenados directamente por Jesús, por lo que todo fiel cristiano los debe obedecer y observar dignamente. Ahora bien, los sacramentos son símbolos de una realidad salvífica superior, y jamás pueden reemplazar o sustituir dicha verdad salvífica superior cuyo único autor y administrador es Cristo mismo.

En consecuencia, entendemos que los sacramentos no pueden salvar y, sin embargo, imparten fuerza espiritual, contribuyendo al acrecentamiento de la gracia de Dios en la persona. No son la gracia en sí, pero sí colaboran porque poseen una clara y distintiva relación con la obra expiatoria de Cristo. Los sacramentos ordinariamente son conocidos como ordenanzas que revisten un sentido comunitario y público, dado el hecho de que son una oportunidad para dar cuenta de nuestra obediencia a Cristo y de nuestra fe delante de todos los hombres.

C

reemos en el sagrado bautismo que el mismo Señor Jesucristo instituyó en el evangelio. De este sacramento participan todos los fieles cristianos, uniéndose en él a Cristo mismo. Es un sacramento ineludible y al que todos debemos acudir para identificarnos con nuestro bendito Salvador.

En el santo evangelio se describe cómo Jesús se acercó a Juan para ser bautizado por él (Mt 3:13-15). Más tarde, el mismo Señor comenzó a bautizar para formar alrededor de sí a los discípulos que habrían de continuar su obra (Jn 3:22-26; 4:1-2). Jesús comenzó a interpretar su bautismo a la luz de su pasión y muerte, hecho que fue registrado por la Iglesia en los evangelios (Mc 10:38-40 Cf. Mt 20:20-23). Acerca de su muerte Jesús dijo en Lc 12:49-50: “Con un bautismo tengo que ser bautizado, y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla!”. Asimismo, Jesús enseñó que el bautismo en agua estaba directamente relacionado con el nuevo nacimiento (Jn 3:1ss.). La necesidad de nacer de nuevo, de cambiar de corazón, es algo profundo que solamente puede ser dado de arriba. Este cambio nace del Espíritu y es consagrado con el bautismo en agua. Jesús aprobó el que sus discípulos bautizaran (Jn 4:1,12), y cuando ya resucitado, entregó a la Iglesia la comisión y orden de bautizar a los nuevos creyentesen signo de arrepentimiento y conversión (Mt 28:16-20; Mc 16:5-16). Los apóstoles llamados por Jesús practicaron el bautismo después de pentecostés tal como habían sido ordenados por el Señor (Hch 2:38; 8:12,36; 9:18; 10:47s; 1 Co 1:12-17).

De acuerdo a Hechos 2:38-41; 3:19; 8:12; 19:5, para recibir el bautismo se requiere primero haber escuchado y creído al mensaje del evangelio.Inmediatamente se exige el arrepentimiento y la conversión. En consecuencia, creer y convertirse son un requisito ineludible para el candidato al bautismo.Según el apóstol Pablo el bautismo es un verdadero símbolo de la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo (Ro 6:1-14). Ahí, en el sacramento, el cristiano se identifica con la obra de Cristo (Col 2:11-12); es lavado y santificado, dando con ello cuenta de su renuncia y muerte al pecado. Para el apóstol, además, el bautismo incorpora al creyente al cuerpo de Cristo que es la Iglesia (1 Co 12:12ss; Ga 3:26-28) otorgándole a este sacramento un claro sentido eclesiológico y comunitario.
La única fórmula bautismal explícita en el NT es la que aparece en labios de Jesús en la Gran Comisión de Mt 28:19: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Esta es una fórmula trinitaria. Aclaramos, además, que los textos de Hch 2:38; 19:5 no pueden ser entendidas como fórmulas bautismales.
En toda la historia de la Iglesia nunca ha existido un sólo bautismo, es decir, únicamente por aspersión o únicamente por inmersión. Cuando la Iglesia practica el bautismo por aspersión, lo hace porque es clara la relación de este rito con la limpieza y rociamientos rituales del AT. Cuando la Iglesia realiza el bautismo por inmersión, resalta en él todo el simbolismo con la muerte y resurrección de Cristo. La Primera Iglesia Metodista Pentecostal practica el rito bautismal mediante la aspersión, aunque no por ello desestima a quienes por su particular tradición eclesial optan por el bautismo de inmersión. Lo que fundamentalmente importa es el hecho de que el bautismo es un testimonio público de la identificación del cristiano con Cristo (Hch 19:2-5; Ga 3:25-27), y de que es asimismo el símbolo del lavamiento de nuestros pecados realizado por medio de su bendita persona (Ap 1:5).
En cuanto al bautismo de infantes, éste se practica debido a la relación de analogía existente entre la circuncisión del Antiguo Testamento y el bautismo cristiano neotestamentario. Así, mientras que en Gn 17:23,26 se dice que toda una casa fue circuncidada, padres e hijos, el mismo día, así también en Hch 16:15,33 toda la casa de Lidia y toda la casa del carcelero fueron bautizados el mismo día. Ciertamente, antes de llegar al bautismo se requiere primero del arrepentimiento, pero admitimos que los niños, quienes se encuentran bajo el cuidado y tutelaje de sus padres, pueden ser bautizados en tanto los padres responden por esos hijos. En ese sentido, es su deber criarlos y ordenarlos en la disciplina y fe del Señor desde nacidos. Si los padres cumplen con este deber evangélico, entonces los hijos serán verdaderos creyentes, incluso, desde la misma cuna.

E

s nuestra firme convicción que nuestro Señor Jesucristo instituyó personal y directamente el sacramento de la Santa Cena, llamada también la Comunión de la Cena del Señor. Junto al bautismo son los dos únicos sacramentos que observamos en obediencia a Cristo porque así se encuentran ordenados en las Sagradas Escrituras.

Ciertamente la Iglesia ha entendido alguna relación de este sacramento con la Pascua judía en la que se comía un cordero (Ex 12:3s) libre de toda mancha (Ex 12:5), en cuya primera ocasión su sangre fue puesta en los postes y dinteles de los hogares hebreos para librar a sus moradores de la mortandad (Ex 12:7,13). En la celebración de la Pascua no se debía quebrar ningún hueso del cordero (Ex 12:46) y juntamente se comían panes sin levadura (Ex 12:8,15-29). Además existían liturgias domésticas en las que los judíos tomaban pan y vino, y juntamente lo bendecían. Pero en Jesús la Santa Cena no representa una repetición de la Pascua u otro rito judío sino más bien una superación, instituyendo una nueva fórmula con un sentido más profundo y pleno, dando el significado definitivo con que sería entendido este bendito sacramento.

Es en Lucas 22:19 donde aparece el mandato de Jesús a sus discípulos de repetir este rito después de su muerte y en su memoria. Fue así que la iglesia primitiva lo practicó obedientemente en su culto.Hechos le llama la “fracción del pan” (Hch 2:42; 20:7) y Pablo habla de “mesa del Señor” (1 Co 10:21) o “comida del Señor” (1 Co 11:20).
El sacramento de la Santa Cena tiene por propósito el hacer memoria de la persona de nuestro Señor Jesucristo y de su bendita obra expiatoria en la cruz (1 Co 11:24). Quien participa de esta ordenanza del Señor, adhiere con toda su fe y con todo su corazón al sacrificio realizado por Cristo y anuncia públicamente la muerte del Señor (1 Co 11:26). Se trata, entonces, de un gesto de identificación con el Señor y de confirmación de nuestra profunda fe en su obra vicaria. Al participar del pan y del vino de la Santa Cena, quedamos espiritualmente unidos a Cristo, y visiblemente partícipes de la comunión con su Iglesia. El apóstol Pablo enseña, además, el carácter escatológico de la Santa Cena dado que al participar de ella, de alguna manera nos estamos anticipando a aquella comida escatológica que disfrutaremos cuando nos encontremos con Él en el cielo. La Santa Cena simboliza y prefigura, entonces, la fiesta que tendremos con Cristo en la eternidad celestial (Mt 26:29). Es así que la Santa Cena se anticipa a la Gloriosa Segunda Venida de Cristo a modo de anuncio y proclamación (1 Co 11:26).

Asimismo, la Santa Cena promueve la unidad material y espiritual del cuerpo de Cristo que es la Iglesia (1 Co 10:17; 11:33). Por lo mismo, ningún hombre o mujer debiera acercarse a la mesa del Señor con un corazón sucio y sin el adecuado discernimiento del cuerpo del Señor que es la Iglesia, porque en ella todos participamos de un mismo pan. Por tanto, como advierte el apóstol, examínese cada cual antes de participar de la Santa Cena, discierna el cuerpo de Cristo y espérense unos a otros para participar dignamente y en verdadera comunión (1 Co 11:28, 29, 33).

En el sacramento de la Santa Cena, o comunión de la Cena del Señor, se ven simbolizados el cuerpo y la sangre de Cristo por medio del pan y el vino respectivamente. Pero ni los elementos del pan y el vino pueden ser considerados como sustitutos de la verdadera gracia que sólo reposa en la persona de Jesús. La Santa Cena es una “acción de gracias” (1 Co 11:24) y los primeros cristianos accedían a ella inmediatamente después del bautismo cristiano. Hoy es aconsejable que cada persona participe de este sacramento teniendo plena conciencia del significado, seriedad e importancia espiritual que en éste se encierra.

Actividades y cultos de la iglesia


En septiembre de 1975 se celebró  el primer Servicio de Acción de Gracias o Tedeum Evangélico realizado en la recientemente inaugurada Catedral Evangélica de Santiago.

El Servicio de Acción de Gracias no nació por la intención de los Pastores de la época de tener un culto donde pudieran asistir grandes personalidades del país, sino que tuvo su incubación en el corazón del primer Obispo Pentecostal chileno Rev. Manuel Umaña Salinas (Q.E.P.D.), Pastor de la entonces Iglesia de Jotabeche. En su oportunidad fue tocado por el poder de Dios y profetizó en el antiguo templo ubicado en calle Jotabeche N°40, que “llegará el día en que se construirá una gran Catedral que tendrá salida por los cuatro costados  y se celebrarán reuniones donde asistirá el Presidente de la República, sus ministros y altas autoridades del país y el extranjero”, cuando era impensable que llegará alguna autoridad de este rango a nuestra Iglesia.
Estas palabras calaron muy hondo en los corazones de los que las escucharon, entre las cuales estaba su sucesor, nuestro Pastor Javier Vásquez Valencia (Q.E.P.D.). Al asumir la dirección de la Iglesia, se comenzó un periodo de arduo trabajo, donde la Iglesia se dio a la tarea de ver cumplida esta profecía.
En diciembre del año 1974 se cumplió la primera parte de la profecía, se inauguraba el primer Templo Catedral Evangélico de Chile y Latinoamérica, con la asistencia de los gobernantes de la época y las más altas personalidades de nuestro país y de la Iglesia Evangélica. La ceremonia fue presidida por el Pastor Javier Vásquez Valencia (Q.E.P.D.) y por el Obispo de la Iglesia MetodistaPentecostal, Rev. Mamerto Mancilla Tapia (Q.E.P.D.).
Al año siguiente, en el mes de septiembre,  se cumple la otra parte de la profecía, se celebra el primer Servicio de Acción de Gracias por la Patria y sus Gobernantes en nuestro Templo Catedral, asistiendo los Gobernantes de la época, Autoridades Civiles y Militares y el Cuerpo Diplomático acreditado en Chile.

Dada la importancia de este servicio, y la trascendencia, este fue transmitido por cadena nacional de radio y televisión.

Desde esa fecha hasta hoy se celebra el Servicio de Acción de Gracias, donde la Iglesia Evangélica Chilena ora por el país sus gobernantes y por la libertad de culto de que goza, en la semana en que nuestro país celebra el mes de la Patria.

Recordemos que la Santa Cena fue instituida por el mismo Señor Jesucristo, cuando ad portas de su martirio en la cruz del calvario, la última noche en que estaría con sus discípulos, les encargó que recordaran el momento más trascendente para el cristianismo contemporáneo, cuando el Padre Dios todopoderoso consumó su plan de salvación entregando a su propio hijo, para que muriera por toda la humanidad. Pero no de la forma en que mueren los mortales, sino que cargando sobre sus hombros el peso de la maldad de toda la humanidad (muerta, nacida o por nacer).

Por este tremendo sacrificio y por el significado más lleno de amor y ternura de parte de nuestro Señor Jesucristo, en que se despojó de toda gloria humana para recibir la gloria imperecedera, nuestra Iglesia se prepara un día al año, para realizar este servicio especial.

Todo este ceremonial tiene una preparación previa, se generan equipos de trabajo, unos para la preparación del pan y el vino que se usarán en ella, y otros en coordinar la forma más expedita para que cada hermano y hermana pueda tomar esta Cena.

Dada la cantidad hermanos que asisten a este servicio en nuestro Templo Catedral (que nunca son menos de 10.000), se hace necesario planificar de tal forma, para que todo salga con fluidez pero sin que se pierda la devoción y el sentido de esta conmemoración.

Durante el Servicio, el orden se da según lo establecido en el manual de rituales sacros de nuestra Iglesia. Por lo que todo tiene un orden, incluso la forma de dar la Cena. El Pastor que preside o entrega la Cena (en este caso dada la cantidad personas se requiere un gran número de Pastores), primero entrega el pan diciendo las palabras que fueron establecidas por el mismo Señor Jesucristo, y luego se entrega el vino, que consisten en un trocito de pan y un pequeño vaso que contienen alrededor de 5 c.c. de vino.

En cuanto a la preparación del pan y el vino, estos se realizan el día anterior. En el caso del vino se hace con unos tres o cuatro días de anticipación. Este es un brebaje que se le extrae todo el alcohol, para dejar apto para la ceremonia.

Nuestra Iglesia, nacida el 12 de Septiembre de 1909, es hija de la Providencia de Dios. Ningún hombre o grupo de hombres la ideó, ni hizo trámites para añadir una más a las múltiples existentes a esa fecha.

Podemos establecer sin lugar a dudas que el comienzo de las Conferencias en nuestra Primera Iglesia Metodista Pentecostal se inician a partir de los primeros años de su formación, con el Superintendente Willis C. Hoover dirigiendo las Iglesias de Santiago y Valparaíso.

El objetivo principal de la Conferencia Anual es la de ejercer funciones Espirituales y Administrativas, como así también contribuir de manera sostenida a la Unidad de la Iglesia en torno a las enseñanzas de nuestro Salvador Jesucristo de ir por todo el mundo a predicar el evangelio a toda criatura, para ir a buscar y salvar lo que se había perdido, para lo cual el mismo solicita que vayamos a Él, único maestro que capacita a la iglesia para formar pescadores de hombres.

La Conferencia reúne a Pastores venidos de todo el país, y se ha internacionalizado con la presencia de Pastores y Obispos extranjeros que asisten desde Argentina, Bolivia, Uruguay, Brasil, México, Australia y Estados Unidos.

La Conferencia Anual es presidida por nuestro Obispo.

Las reuniones de Conferencia se desarrollan comenzando en las mañanas con un Devocional al cual tiene acceso toda la Iglesia. Finalizado el Devocional, los Pastores pasan a sus sesiones de trabajo.

Las sesiones de trabajo en las cuales solo intervienen los Pastores son dirigidas por una Mesa Directiva que la encabeza nuestro Obispo en su calidad de Presidente de la Iglesia, junto a un Pastor Secretario de Actas y un Pastor Prosecretario, que toman nota de todo lo que se trata en dicha reunión, paralelo a esta actividad central, en otra dependencia se constituye la Comisión de Orden Ascenso y Disciplina (C.O.A.D.), para tratar temas propios de su cargo.

Las Pastoras por su parte, bajo las órdenes de nuestra Diaconisa se reúnen en otro lugar para tratar temas de interés para las Dorcas.

En relación a la atención de todos los integrantes de la Conferencia (Pastores, Pastoras y visitas), se forman diferentes equipos de atención (Protocolo, Atención Pastores, Atención Pastoras, Secretaría, Guardarropía, Movilización, Casino, etc.). Todos ellos preparándose aproximadamente dos meses antes.

Por la noche, se celebran Reuniones Generales con la asistencia de toda la hermandad, se cuenta con la participación de Coros Unidos, Coro Polifónico, y la Orquesta Sinfónica Evangélica.

En el Altar se encuentra nuestro Obispo y el Directorio de la Iglesia, como asimismo los Pastores y Obispos que forman parte de la Conferencia.

En estas Reuniones Generales los Pastores y Obispos presentes tienen la oportunidad para dirigirse y saludar a la iglesia, predicando cada día un Pastor distinto, además de contar diferentes experiencias que son edificantes para la hermandad, para los Pastores y para toda la audiencia de Internet, ya que las Reuniones Generales en cada día de Conferencia son transmitidas a través de la red mundial.

El último día de Conferencia, es una ocasión de mucha emoción y celebración. Previo a la gran reunión de clausura, se realiza un masivo desfile por las calles cercanas. Posteriormente, se inicia el servicio de reunión con un templo totalmente lleno, en el que viene el momento de entregar las conclusiones finales y que siempre muestran el crecimiento y gran bendición que muestra la Iglesia, también suben al Altar los nuevos Pastores aprobados por la Conferencia para ser ungidos como Pastores Probando y también suben los Pastores que ascienden en sus grados eclesiásticos, de Pastores Probando a Pastores Diáconos y de Pastores Diáconos a Pastores Presbíteros.

Todos los días que dura la Conferencia son de una gran bendición para la Iglesia, y se espera con ansias los 365 días, que al finalizar tendremos que esperar para recibir la del año siguiente.

VIGILIA

Las vigilias tienen su origen en los primeros siglos de la iglesia primitiva, y se llevaban a efecto en la preparación de alguna fiesta religiosa. Consistían en oraciones, himnos, lecturas y peregrinaciones. Durante el pasar de los siglos, cada corriente religiosa le agregó cambios de acuerdo a sus necesidades y liturgias.

En el mundo evangélico, específicamente en el Pentecostalismo, este servicio tiene gran importancia ya que se relaciona mucho en la consagración a Dios, mediante una jornada de oración y adoración.

Nuestra Iglesia realiza por lo general, dos vigilias al año. Una de ellas se realiza en todos los templos pertenecientes a la Catedral Evangélica de Chile y la otra en nuestro Templo Catedral.

El formato de la vigilia puede ser diverso, pero nuestra Iglesia dedica gran tiempo de ésta, a la oración y adoración, ya que el motivo principal, es buscar la entera comunión con Dios.

Este servicio comienza a las 22:00 hrs.de un día viernes para culminar a la mañana siguiente alrededor de las 07:00 hrs. Se toman todos los resguardos necesarios para que esta jornada de oración y adoración se desarrolle en la más completa comunión y sin importunar a los vecinos de nuestros templos.

El servicio se inicia con un periodo de alabanzas, por parte de los Coros tanto instrumental como polifónico, para posterior seguir con una plantilla de oraciones, donde se incluyen desde la importancia de la familia hasta las autoridades del país. Se realizan oraciones especiales para la consagración del pueblo de Dios, para que los asistentes puedan volcar sus inquietudes a Dios Padre por medio de su Hijo Jesucristo y encontrar fuerzas para continuar ejerciendo el mandato de nuestro Señor de ir y predicar el evangelio a toda criatura. El sermón basado en las escrituras, no puede estar ausente, ya que su poderosa palabra es lumbrera a nuestro camino y es la que nos nutre espiritualmente.

Dentro de este servicio también se consideran oportunidades, para que los asistentes puedan compartir experiencias o vivencias de su trayectoria en el evangelio. Este punto es muy bien acogido por parte de la Iglesia, ya que es una instancia de expresión pura, de las experiencias que cada cristiano lleva dentro de su caminar en el evangelio.

La Iglesia Evangélica es llamada a orar por todos sus semejantes, a sobrellevar a los que no conocen las virtudes del evangelio, a perseverar hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo, y para ello se hace necesario que se realicen este tipo de encuentros cristianos, donde el recogimiento, la adoración y la poderosa palabra de Dios nos hace mirar con esperanza y optimismo el momento de nuestra redención.

Próximas activadades


Cultos

CATEDRAL EVANGELICA DE CHILE

SERVICIOS DE CARACTER ESPIRITUAL

LUNES A LAS 19:00 Hrs.:

Reunión en todos los Templos y Locales de nuestro circuito, y en la Sede de nuestra Iglesia, reuniones del Centro Evangélico Universitario, Cuerpo Automovilistas y Cuerpo de Empresarios y Profesionales.

MARTES A LAS 19:00 Hrs.:

Reunión de Hermanos Voluntarios en el Templo Catedral. Ellos vienen a entregar y recibir trabajos espirituales que le son encomendados, y también Doctrina Evangélica.

MIERCOLES A LAS 19:00 Hrs.:

Reunión de Hermanas Dorcas en el Templo Catedral. En esta reunión toman parte señoras y señoritas, para orar por todos los Pastores, Misioneros y hombres de Dios, que llevan el Mensaje del Evangelio por todo el mundo; oran también por nuestros gobernantes y por nuestra Patria, para que se cumpla la promesa del Espíritu Santo, que “CHILE SERA PARA CRISTO”.

JUEVES A LAS 19:00 Hrs.:

Reunión general en todos los Templos del Circuito y en el Templo Catedral. En esta reunión hay una corta Predicación de la Palabra de Dios por un hermano encargado, para dar lugar a los Bautizos. Tenemos la participación de Coros Unidos y Coro Polifónico.

VIERNES A LAS 19:00 Hrs.:

Reunión general en todos los Templos y Locales de nuestro circuito. En esta reunión el Predicador encargado, evangeliza a la Clase que se le ha encomendado.

SABADO A LAS 17:00 Hrs.:

Culto de oración en todos los Templos de nuestro Circuito y en el Templo Catedral. A este servicio es invitada toda la Iglesia a orar, pues estamos pidiendo al Señor que mantenga el avivamiento en su Iglesia, y que cada día tome mas fuerza entre nosotros.

SABADO A LAS 18:30 Hrs.:

Reunión de Estudio Bíblico con todos los hermanos profesores; donde se les da la enseñanza impartida por nuestro Obispo, para llevarla el día Domingo a todas las Escuelas Dominicales del circuito. Sólo para hermanos(as) Profesores(as) de Escuela Dominical.

DOMINGO A LAS 10:30 Hrs.:

Escuela Dominical en todos los templos de nuestro circuito y en nuestro Templo Catedral. Este es uno de los servicios más importantes, por tratarse de una Escuela del Señor. Por lo tanto, son invitados todos los hermanos con sus niños.

DOMINGO A LAS 19:00 Hrs.:

Reunión General en el Templo Catedral y en todos los Templos de nuestro circuito.