Ha partido a la presencia del Señor el Hno. Mario del Carmen Gutiérrez Henríquez

Mario del Carmen Gutiérrez Henríquez Jotabeche

El pasado 20 de Abril partió a la presencia del Señor el hermano Mario del Carmen Gutiérrez Henríquez de la clase La Castrina. Nuestro hermano nació el 5 de diciembre de 1926 en la ciudad de San Antonio, fue el mayor de 4 hijos. A los 20 años se casó con Elvira Almarza, y tuvieron 10 hijos, 29 nietos, 34 bisnieto, 8 tataranietos y 3 tataratataranietos.

Siendo una familia numerosa que vivía con mucha escasez, el Señor salió al encuentro de la hermana Elvira Almarza en el año 1960, producto del diagnóstico de un devastador y mortal cáncer de estómago, del cuál el Señor la sanó totalmente. Luego de algunos años, en 1962 nuestro hermano Mario conoció al Señor y su vida cambió por completo, pasando de ser un sacristán de capilla en Quinta Normal, y devoto de la virgen de Guadalupe, a ser un hijo de Dios, cristiano firme y convencido de que Dios era el único Dios real.

Sus inicios fueron en la clase La Castrina, donde fue creciendo espiritualmente. En el año 1966 fue llamado al estudio bíblico para integrar el cuerpo directivo de la ya mencionada clase. También sirvió Como portero, visitador, jefe de grupo de predicación a la calle, jefe de voluntarios y jóvenes. En el año 1971 fue nombrado ayudante de predicador, para luego ser predicador encargado. Durante su servicio como predicador, estuvo en diversas clases y locales de nuestro circuito, tales como La Faena, Las Enredaderas, Lo Valledor Sur, Santa Inés, San Manuel, La Faena, La Reina, Vital Apoquindo, Villa Manuel Rodríguez, Blanqueado, Robert Kennedy, Los Comandos, Las Brisas, Italia, Coronel Godoy, Paradero 4, Catamarca, entre otras. Después de servir arduamente, en el año 2012 fue enviado como profesor a la Clase La Castrina para descansar, en donde término sus días alabando y sirviendo al Señor junto a su Amada Esposa. Sus funerales tuvieron lugar el día 22 de Abril de 2017.

El hermano Mario fue un ejemplo como persona y Cristiano para todos quienes le rodeaban. Su fidelidad, fe y perseverancia prevalecen, ya que es la herencia imborrable que deja su familia y hermanos en la fe. Desde el día que aceptó a Jesús como su Salvador, hasta su último aliento de vida alabó y predicó a su Señor.

A nombre de nuestro Obispo Eduardo Durán Castro, nuestra Diaconisa Raquel Salinas Cáriz, la Junta Oficial de Diáconos y la Iglesia en general enviamos nuestro pésame a la familia de nuestro hermano y confiamos que si somos fieles nos veremos pronto con Cristo en Gloria.

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